martes, 4 de noviembre de 2014

Amianto, asbesto o fibrocemento ¿un viejo enemigo?

Foto Joan Palau. Casa Amatller

Una noticia, relativamente reciente, ha llamado mi atención: Un total de 154 colegios e institutos de la red pública valenciana tienen estructuras de fibrocemento. Me pareció preocupante porque esto significa que aproximadamente 1 de cada 10 centros escolares presenta este material. La verdad es que si pienso que en España se han producido y consumido 21.000.000 toneladas (unas 17.200.000 en placas y 3.700.000 en tubos de presión y bajantes) de fibrocemento no debería extrañarme en exceso. Podría parecer una noticia anodina sino fuera porque este material está constituido por una mezcla de cemento y fibras de refuerzo que probablemente tengan en su composición amianto o asbesto


Si el nombre de fibrocemento te confunde o no te suena puede ser que conozcas este material como uralita, el nombre de la empresa se convirtió practicamente en el del material objeto de su negocio, algo parecido a cuando nos referimos al yogur como Danone.


En España, entre 1920 y 1984, para la elaboración del fibrocemento se incorporaba crocidolita o amianto azul. Entre los años 1984 y 2002 para la fabricación del fibrocemento se añadía exclusivamente crisotilo o amianto blanco. Y a partir de 2002 quedo prohibido el uso y comercialización de todo tipo de amianto en la industria del fibrocemento. Pero nos ha quedado un cuantioso legado de materiales a base de este material, sobre todo en forma de elementos constructivos. De la magnitud del problema son exponente la cantidad de chapas de uralita que a simple vista podemos observar. Sin ir más lejos, a menos de 300 metros de donde escribo, podemos ver el ejemplo de unas naves abandonadas con su buena dosis de uralita, la retirada de la cual es objeto de larga reivindicación vecinal en este barrio de València.


Y ¿por qué su presencia puede ser motivo de alarma? Una de las características del amianto es que las fibrillas que lo componen pueden separarse en otras más finas hasta llegar a alcanzar tamaño microscópico. Esto significa que cuando los materiales que lo contienen se rompen o desgastan las fibras se liberan y pueden ser inhaladas por las personas. Las fibras de amianto no se evaporan en el aire ni se disuelven en agua. Un conjunto de circunstancias: concentración de fibras en el aire; duración de la exposición; la frecuencia de la exposición; el tamaño de las fibras inhaladas y, el tiempo transcurrido desde la exposición inicial hace que se incremente el riesgo de presentar una enfermedad asociada al amianto. 

Si anteriormente hemos asistido a noticias que asocian la mortalidad de diferentes trabajadores con un ambiente relacionado con este material, a partir de la prohibición de su uso y comercialización, los trabajos en los que existe riesgo de exposición al amianto no van a ser ya los de fabricación directa o empleo en procesos productivos, sino los que conlleva su mantenimiento, reparación, demolición o retirada, fundamentalmente. Es suficiente leer (y ver) la protección que la Ley establece para los trabajadores que deben retirar estos materiales para comprender su potencial peligrosidad.

Las principales enfermedades asociadas a la exposición del amianto son: mesoteliomas, cancer de pulmón y la asbestosis o fibrosis pulmonar. La Agencia Internacional para la Investigación del Cancer (International Agency for Research on Cancer o IARC) que es parte de la OMS y tiene como meta principal identificar causas del cáncer, ha clasificado a todas las fibras de amianto como "carcinógenos para los humanos" en base a la información disponible. No se conoce ningún nivel de exposición que no sea peligroso.
 

La Agencia para Sustancias Tóxicas y el Registro de Enfermedades de EEUU, mantiene esta hoja informativa resumida con algunas cuestiones de interés general referidas al asbesto (amianto) o bien un informe más amplio
http://fibrocimentnogracies.blogspot.com.es

Vuelvo sobre la noticia inicial, un 10 por ciento de centros escolares de la Comunitat Valenciana tienen fibrocemento en sus edificios en distinto estado de conservación. En base a los conocimientos que tenemos actualmente (y si me apuráis a la cercanía de las elecciones locales) ¿Nadie es capaz de diseñar un plan estratégico de mapeo, localización y posterior retirada escalonada de dicho material? 
Mientras escribo este post descubro los esfuerzos de algunos grupos sociales y políticos en este aspecto reflejados en el siguiente blog

Una reivindicación recomendable por la salud de todos.    


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