jueves, 8 de noviembre de 2018

De verdad que la comida ¿con sangre entra?

Sinceramente no pensaba que lo que os cuento estuviera pasando en pleno siglo XXI. He oido muchas veces aquello de servir y guardar las lentejas hasta que un niño o niña se las coma pero realmente nunca lo he visto. De forma clara, cuando las personas comentan con las lentejas que "si quieres las tomas y si no, las dejas" siempre he pensado que se refería a tener una decisión alimentaria libre de consumo o no consumo y ahora veo que no que pasado ya un sexto del siglo en las cosas del comer aún existen posiciones muy reaccionarias (= opuestas a la innovación).


Y todo esto lo comento, porque una consulta me ha llevado a un viaje en el tiempo hacia el pasado. En definitiva, la persona nos indica: "Mi hijo/a tiene 6 años y no soporta la textura de puré. Desde el comedor del colegio nos avisan (a través de la agenda escolar) que no come el puré. Lógicamente les respondo que dada la circunstancia, más vale que pasen al segundo plato porque por parte nuestra no consideramos que exista ningún problema."

A partir de un momento dado, los monitores/as del comedor informan que ellos/as tienen normas e indicaciones para que si un/a niño/a no prueba el primer plato, no se les ofrezca el segundo plato ni el postre y por lo tanto el niño/a se queda sin comer. Y así nos lo hacen saber.

Tras reunirse con los responsables del centro escolar y del comedor, se insiste a los padres/madres que "las normas son las normas y, que el/la niño/a debe probar, al menos, una cucharada de "puré" para poder pasar a completar su comida de mediodía. 

Traducido de forma reduccionista: siguiendo esta teoría, si dejamos en ayunas al niño/a, el resultado para la próxima ocasión debería ser que el escolar se comería el puré. Pero es obvio que no , esto no pasó.

Ante mi estupefacción, me remiten "las normas". Aquí viene la siguiente sorpresa:


Y como no hay dos sin tres, encuentro este otro párrafo ("mesa VIP"):


Atención a sus propuestas estrella: la mesa VIP lleva manteles y vasos de color y, al mismo tiempo, les ofrecen el consumo de un refresco (y nosotros proponiendo agua para hidratarse). Y por si fuera poco, la posibilidad de poder repetir en tanto en cuanto haya comida y no existan otros competidores. A estas alturas ¿hay quién aún no entendido qué es eso de los ambientes obesonicos?


Según cita el documento Acompañar la comida de los niños (Salvador G y Manera M, 2015) de la Generalitat Catalana, "la Academia de Nutrición y Dietética de los Estados Unidos y la Academia Americana de Pediatría indican que hay que respetar la sensación de hambre y saciedad de los niños." ... Así mismo, se insiste en el hecho de que hay que evitar ejercer presión sobre los niños para que coman, ya que hacerlo puede conducir a una mayor resistencia a comer, a crear aversiones a ciertos alimentos y puede derivar otras conductas alimentarias poco o nada saludables que pueden persistir en la edad adulta."


Los profesionales de la dietética tienen que recalcar los posibles efectos adversos que pueden ejercer las conductas coercitivas de alimentación sobre la capacidad innata de los niños para regular su consumo de energía. Eso incluye tanto las amonestaciones dirigidas al hecho de que el niño deje el plato limpio como la restricción de la ingesta”.

¿Lo tiene que probar? "... se han hecho estudios con el fin de analizar cuál es la mejor manera para que los niños aumenten el consumo de verdura, probando tácticas diferentes, como recompensarlos, servirles de ejemplo, insistir para que den sólo un mordisco, simplemente ofrecerla y ponerla delante suyo y no hacer nada. Los resultados mostraron que ninguna técnica funcionó mejor que otra."


"Múltiples estudios también indican que insistir a los niños u obligarlos (de maneras más o menos directas) para que coman un determinado alimento (y a comer por encima de su sensación de hambre, como ya se ha comentado) es contraproducente, y no conduce a una buena aceptación de aquel alimento."

Así pues sirvamos raciones variadas, demos un tiempo para su consumo y retirémoslas sin más cuando debamos servir el próximo plato o la fruta de los postre. No entremos en dialécticas estériles, ni hagamos de la mesa un campo de batalla del que se deriven posibles víctimas. Y por supuesto, no cronifiquemos en el sistema educativo esta nueva versión de que "la letra con sangre entra" que ni la letra lo hace ni la comida tampoco. Hagamos del aprender y del comer una actividad gratificante y nutritiva. Personalmente aún no he visto que ningún niño/a haya muerto de inanición ante una relación natural con la comida.




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