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viernes, 23 de marzo de 2018

¡Comemos una "animalada" de proteínas!


En España no sabemos vivir sin carne. Incluso andamos bastante pasados de ella. Sin ir más lejos el consumo medio de todo tipo de carne y derivados en 2016 fue aproximadamente de 50 kg por persona y año, es decir, algo más de media cuarta (137 gramos) diaria según los últimos datos del Panel de Consumo Alimentario.


El estudio ANIBES publicó en Nutrients que la ingesta media diaria de proteínas en la muestra fue de 74,5 g/día. Mayor en hombres que en mujeres y menor en las personas mayores que en las más jóvenes. Lo miremos por donde lo miremos la ingesta de proteínas se encuentra por encima de los límites superiores recomendados (15 % de la energía total). Según el mismo estudio, sólo 1 de cada 10 personas estaría dentro del rango diario de ingesta recomendable de proteínas en la dieta. 

¿Y de dónde proceden estas proteínas? Una tercera parte de ellas de las carnes y sus derivados que junto a los cereales, sus derivados, la leche y los lácteos suponen el 68% de sus alimentos fuente.

Las proteínas vegetales sólo nos proveen de un 10% de las proteínas. Y si nos referimos a las legumbres, fuente alimentaria proteica cuantitativamente más importante, su presencia es poco relevante sólo es responsable del 3% de las proteínas. 

Y esta reflexión debe hacerse sabiendo que a parte de razonamientos puramente nutricionales, existen matices que pueden ser considerados a la hora de elaborar un mensaje o recomendaciones a la población general. Así un patrón alimentario debería considerar también la sostenibilidad del planeta, quizás deberíamos plantearnos que una alimentación saludable debe ser buena para nosotros y "buena" para el planeta, ya que al fin y al cabo los recursos son limitados. ¿Conocías que para producir un kilo de carne se requieren entre 15 y 20 kilos de cereales y 15.000 litros de agua?. Si bien de un kilo de carne pueden derivarse unas 6 raciones, con 15 kilos de cereales se pueden servir más de 180 raciones. Puestas así las cosas la cría de animales es una de las formas más ineficientes de producción de alimentos.

Visto esto ¿hace falta incentivar el consumo de carne entre la población española? Evidentemente la respuesta es ¡NO!. Como de proteínas ya vamos servidos podemos limitar o disminuir aquellas que vienen de los alimentos animales y potenciar el consumo de alimentos vegetales que sean una autentica alternativa nutricional y además una propuesta más sostenible para el planeta.


Poner en valor los alimentos vegetales: frutas y verduras, cereales integrales, frutos secos y legumbres es una saludable tarea de promoción que debe ser objetivo primordial en las tareas de mejorar la salud de la población.

No hace mucho, diciembre de 2017, una noticia nos desvelaba que  el grupo político Compromís presentó en las Corts Valencianes, una Proposición No de Ley en la que se propuso la adhesión de los comedores escolares de la Comunitat Valenciana a la iniciativa internacional de los "Lunes sin carne" ("Meet Free Monday") para luchar contra el cambio climático y mejorar la salud de la población infantil. Una propuesta que también días antes Nicolas Hulot, el ministro francés de Transición Ecológica y Solidaria, había lanzado a los colegios de Francia "implantar un día con menú vegetariano a la semana" para que los pequeños se acostumbren a comer menos carne.  Pues bien, esta medida puede ser totalmente compatible con la dinámica de los comedores si posibilitamos la sustitución de uno o de los días que se consideren de la proteína animal por la vegetal, sin embargo, ninguna de las guías  de menús escolares consultadas, hasta hoy lo posibilitan. ¿No creéis que ha llegado el momento de revisar este importante aspecto en los comedores escolares?






miércoles, 25 de febrero de 2015

Si la ingesta de energía está de capa caída ¿Por qué aumenta la obesidad?


Los primeros datos del estudio ANIBES (Antropometría, Ingesta y Balance Energético en España) acaban de despertar mi atención. Sobre todo porque ha estimado una ingestión media de energía de 1820 kilocalorías que si las comparamos con las 3008 kcal del año 1964 o las 2 609 kcal del 2010,  manifiestan una clara tendencia a la baja. Por supuesto que estas encuestas históricas fueron realizadas con una metodología diferente y menos precisa sin embargo esto no puede explicar esta disminución tan grande.


El hecho podría no pasar de una mera observación de tendencia, pero la estimación de la ingesta actual puede ser para algunos (Blog: Lo que dice la ciencia para adelgazar) poco creíble probablemente consecuencia de la metodología utilizada que según los propios autores en un artículo que recientemente han publicado, ha sido un recuerdo de 24 horas y un registro de tres días (en este tipo de estudio, son los propios pacientes los que van informando de lo que comen). Los datos por franjas de edad muestran que solo los niños de entre 9 y 12 años ingieren la energía recomendada por la EFSA (2.078 en niños y 1.973 en niñas). El resto se encuentra por debajo de la media recomendada. Si queréis conocer algunos datos más sobre la composición estimada de la dieta podéis encontrarla en esta infografía.

Es curioso que este dato me ha llamado la atención al ser más o menos coincidente con los estimados, por nosotros, mediante recuerdo de 24 horas en la Encuesta de Nutrición de la Comunidad Valenciana 2010-11, 1777 Kcal (1914 Kcal/dia en hombres y 1640 Kcal/dia para las mujeres).

Otras fuentes de datos como los obtenidos mediante las hojas de balance alimentario de la FAO   que objetivan la evolución de la "disponibilidad" energética alimentaria del país, si bien son numéricamente diferentes (la metodología de su cálculo lo  justifica) también manifiestan el descenso apuntado por el estudio ANIBES.


Este estudio transversal se ha trasladado a la opinión pública con una conclusión tan arriesgada como simplista: "El sedentario es más culpable de la obesidad de los españoles que la dieta", a decir de los titulares de la prensa. Sinceramente reducir la obesidad, a una cuestión única de balance energético significa esquematizar un fenómeno demasiado complejo, olvidando, por poner un ejemplo, que estudios aparecidos recientemente revelan que, algunas personas son más propensas que otras a ganar peso por disponer alguna de las 140 variaciones del genoma que estén relacionadas con esta enfermedad. No me quedaría totalmente claro sólo con ello porqué son algunas las preguntas que podrían quedar sin respuesta: ¿Por qué en los países ricos la obesidad afecta a los pobres y en los países pobres a los ricos? ¿Son los horarios de los trabajos precarios los que llevan a una vida sedentaria sin tiempo siquiera para dar un simple paseo? ¿La educación nutricional llega a los más necesitados? ¿Los determinantes socioeconómicos son aprovechados por las industrias alimentarias incluso para diseñar productos que sustituyan el agua? ¿existen connivencias entre industria y sociedades científicas para crear, abordar, estudiar enfermedades a pesar de su potencial papel productor de la mismas? ¿Que pinta la epigenética, la programación fetal, los disruptores endocrinos, la microbiota intestinal en esto de la obesidad?

Estoy seguro que la fórmula: obesidad es igual a acúmulo de energía ingerida que sobrepasa la energía disipada requiere de la consideración de muchos factores de corrección que complican esta simplificación de que el equilibrio se consigue, según el humorista Mota, en procurar igualar "las gallinas que salen por las que entran". ¡Ay esta globesidad!