La verdad es que ya lo conocía pero no me
lo quería creer. El “cuerpo” siempre me ha pedido apostar por los alimentos
“naturales, ecológicos u orgánicos”. Era lógico para la razón, coherente con nuestra
naturaleza y gratificante para mis anhelos. Debían ser mucho mejor.
Pero ya en el año 2009 una revisión
publicada en American Journal of Clinical Nutrition de lo publicado durante los
previos 50 años (entre 1958 y 2008 ) me dejó sorprendido. El estudio concluía
que en referencia al contenido nutricional no existen diferencias
significativas entre los alimentos “convencionales” y los alimentos
“ecológicos”. Es decir son indistinguibles.
Pero más
recientemente (septiembre de 2012), la
revista Annals of Internal Medicine ha publicado otra revisión realizada
por investigadores de la Universidad de Standford, que recoge las
investigaciones realizadas en los últimos seis años sobre este tema. Sus
conclusiones siguen la misma dirección. No existe una evidencia clara de
que los alimentos orgánicos sean significativamente más nutritivos que los
convencionales.
Pero antes de entrar a ello y, estando en
época de crisis, no puedo dejar de constatar una realidad tangible su coste. Lo
intuimos todos, lo podemos justificar y además, estamos dispuestos a asumirlo
dado que la salud no tiene precio. Así, con datos de mercado publicados por el ministerio español en 2010, queda muy claro que los productos ecológicos
encarecen la cesta de la compra. Para los curiosos copio a continuación una tabla resumen y en el que los huevos, el
aceite de oliva y los postres lácteos alcanzan las mayores divergencias.
La verdad es que con esta diferencia que
pensaba justificada en aras a la obtención de un mejor grado de nutrición o mayor
grado de salud, se me hace ahora complicada para hacer recomendaciones
poblacionales que no discriminen.
Por último pero no por ello menos
importante, podríamos referirnos al sabor pero parece ser que este no depende
tanto de cómo se ha cultivado sino más
bien del momento y forma de recolección.
Bueno esto me permite elucubrar acerca de
que, al menos, deben ser menos tóxicos. Y es aquí donde buscando fuentes y
opiniones autorizadas he encontrado dos que me han interesado por realizar argumentaciones
y razonamientos claros.
Como si de un dialéctico duelo de titanes
vemos que aunque divergen no son tan opuestas como a simple lectura pueden
parecer.
Por una parte he elegido a J Miguel Mulet, profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica
de Valencia, bloguero de Los productos naturales ¡vaya timo!, y del libro de divulgación
que lleva el mismo nombre, entre otros. Mulet ha investigado a fondo la
alimentación ecológica y rechaza algunas de las bondades que se le atribuyen y
para mayor provocación, se declara defensor de los alimentos transgénicos. Os
paso un artículo que creo lo retrata muy adecuadamente.
El aboga por los
controles y la seguridad que le ofrecen los avances tecnológicos en tanto en
cuanto son más rigurosos para los productos convencionales que para los
ecológicos.
Por otra parte
tenemos a Miquel Porta, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona,
investigador del IMIM y profesor del Máster de Agricultura Ecológica de la
Universidad de Barcelona. Sus principales áreas de investigación son: la
epidemiología clínica y molecular del cáncer de páncreas; las causas y consecuencias
del retraso en la detección del cáncer; y el impacto sobre la salud de los
Compuestos Tóxicos Persistentes. Os aporto una reciente entrevista en una
revista de Agricultura Ecológica.
Si bien nos habla de los compuestos tóxicos persistentes expone que el 90% de los mismos vienen a través de las grasas animales. De forma simple alude que los compuestos de los piensos pasan a los animales y posteriormente a las personas luego es de gran interés proceder a su estricto control. Al tiempo que cita un estudio del equipo de Luis Domínguez-Boada, publicado en la revista Chemosphere, que evidencia niveles más altos de policlorobifenilos (PCB) en leches con garantías ecológicas que en las convencionales. Por lo que tampoco en esto hay tanta diferencia, también las leches convencionales tienen mayores niveles de pesticidas organoclorados que las ecológicas.
De momento vemos
que con estos argumentos un posicionamiento excluyente en cualquiera de los dos
sentidos no se sostiene de forma consistente. Queda mucho camino que andar, que debatir y se requiere de mucho sentido común para
tomar decisiones de forma coherente, que pueden estar basadas en diferentes posicionamientos y creencias y que
siendo estas lícitas no deben suplir la racionalidad.
Buen análisis, Joan.
ResponderEliminarLo cierto es que en ocasiones algunos de nuestros hábitos vienen más determinados por una inercia que se crea desde no sabemos dónde, y las denominaciones 'atractivas' (orgánico, ecológico) son fáciles de asumir. Por contra, otras como 'transgénico' parecen sinónimos de 'pernicioso', cuando la mayoría de la población desconoce en realidad qué es cada cosa.
Información y objetividad, son lo que nos puede llevar a lo que necesitamos: criterio para decidir.
Totalmente de acuerdo. Hacer divulgación de información basada en la evidencia es un interesante ejercicio i para crear una masa crítica y evitar los fantasmas de los mitos o sesgos interesados. Vengan de donde vengan!
ResponderEliminarGran post profesor!
ResponderEliminarEn mi opinión, el problema de los productos ecológicos es precisamente su concepción desde el punto de vista legislativo, que más que centrarse en aspectos científicos y objetivos se basa en la falsa dicotomía natural-artificial, bueno-malo. Para determinar què insumos están permitidos no se tiene en cuenta su impacto, si no si son de síntesis o naturales olvidando que las propiedades de un compuestos no dependen del origen, dependen de su estructura molecular.
En cuanto a los temidos transgénicos creo que podrían ser un potencial alíado de la agricultura ecológica y su exclusión absoluta en la normativa sobre producción ecológica no hace más que recalcar la falta de asesoramiento científico de los lesgisladores.
Los razonamientos maniqueistas (bueno vs malo; natural vs "artificial") suelen derivarse, habitualmente, más de posicionamientos ideológicos (por supuesto muy lícitos) que de argumentaciones basadas en la evidencia científica y evitando sesgos interesados.
EliminarNuestro trabajo como estudiosos del tema debe centrarse en generar preguntas y dar las respuestas (demostradas) y objetivas para poder fundamentar las bases de las salud, en este caso alimentarias y divulgar aquellas prácticas que capaciten a la población o individuos en el manejo de sus circunstancias. Gracias por tu participación.