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lunes, 8 de septiembre de 2014

Alimentos ecológicos versus convencionales



(Re-escribiendo el post: "Una decepción muy natural".  Una actualización necesaria)

La ciencia avanza a base de estudios y demostraciones por lo que siempre está construyéndose.  Y de vez en cuando las nuevas aportaciones hacen que debamos replantearnos algunas cuestiones. Decir no se conoce, me he equivocado o rectificar ante nuevas evidencias son tres cosas buenas para las personas y también para la ciencia. Todo esto viene a cuento porque en este verano de 2014 una revisión sistemática con metaanálisis ha dado un vuelco a lo que hasta ahora otras revisiones habían estimado. La versatilidad que permiten los blogs hacen incuestionable la decisión en un momento dado de poner al día una entrada. 

El “cuerpo” siempre me ha pedido apostar por los alimentos “naturales, ecológicos u orgánicos”. Parecía lógico para la razón, coherente con nuestra naturaleza y gratificante para mis anhelos. Estos alimentos debían ser mucho mejor o al menos, menos malos que sus homólogos convencionales. Pero hasta hace unos meses (julio del 14), la ciencia no lo tenía tan claro.

En el año 2010 un artículo aparecido en la revista American Journal of Clinical Nutrition que analizaba todo aquello publicado en los previos 50 años (entre 1958 y 2008) me dejó sorprendido. El estudio concluía que: "de la revisión sistemática realizada, se carecía de pruebas sobre los efectos que para la salud (relacionados con la nutrición) se derivaban del consumo de alimentos producidos orgánicamente".

Dos años después (septiembre de 2012),  la revista  Annals of Internal Medicine publicó otra revisión sistemática realizada por investigadores de la Universidad de Standford, que recogía las publicaciones sobre el tema entre 1966 y 2011. Tras incidir que la heterogeneidad, limitación numérica y sesgos de publicación podían estar presentes, concluían que: "la literatura publicada carecía de evidencia sólida de que los alimentos orgánicos fueran mucho más nutritivos que los alimentos convencionales. Sin embargo, evidenció algo que parecía más obvio, que el consumo de alimentos orgánicos podía reducir la exposición a los residuos de pesticidas y bacterias resistentes a los antibióticos".

Y ahora (2014), una revisión sistemática con metaanálisis publicada en British Journal of Nutrition pone encima de la mesa que las concentraciones de una gama de antioxidantes, entre otros micronutrientes, era sustancialmente mayor en los cultivos orgánicos (entre un 19 y un 51% mayores según tipo), y por otra parte, que la frecuencia de presencia de residuos de plaguicidas en los cultivos convencionales era cuatro veces mayor, conteniendo concentraciones significativamente altas de cadmio.

¿Que ocurre con lo que nos comemos? Hace apenas 15 días la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) presentaba en su revista OCU-Compra maestra un análisis de unas 90 piezas, tanto de fruta (peras, manzanas y fresas) como de hortalizas (lechuga, tomates y calabacines) en las que buscaron 350 pesticidas diferentes. Los hallazgos: la concentración detectada se mantuvo en el límite legal o por debajo de él, sin embargo un 64% de las piezas tenían dos o más pesticidas. La preocupación que manifiestan: la posibilidad de un "efecto coctel" que podría potenciar los efectos tóxicos de estas sustacias en el organismo. Sus recomendaciones: lavar la fruta y la verdura durante más de un minuto y secar con papel de cocina o pelarlos; utilizar vegetales de temporada y consumir productos de agricultura ecológica con sello de garantía aunque eso no exime de hacer una adecuada limpieza para eliminar suciedad y gérmenes patógenos.


En OCU-Compra Maestra - n°395 - sept/2014: Pesticidas en frutas y verduras

Pero antes de entrar a ello y, estando en época de crisis, no puedo dejar de constatar una realidad tangible su coste. Lo intuimos todos, lo podemos justificar y además, estamos dispuestos a asumir un mayor gasto, dado que la salud no tiene precio.




Así, con datos de mercado publicados por el ministerio  de agricultura español en 2010, queda muy claro que los productos ecológicos encarecen la cesta de la compra. Para los curiosos copio a continuación una tabla resumen en la que  huevos, postres lácteos, el aceite de oliva y las pastas alimenticias alcanzan las mayores divergencias.




Por último, pero no por ello menos importante, podríamos referirnos al sabor ¿son más sabrosos? Parece ser que el sabor no depende tanto de cómo se ha cultivado sino más bien del momento de maduración y recolección del producto.




Independientemente existen muchas ideas originales para la opción de montarse un huerto en el balcón, sencillo y contagioso como nos reseña este artículo de El País.  

Llegados a este punto y buscando opiniones validas he encontrado dos científicos cuyas aportaciones son claras para un buen debate. Un dialéctico duelo de titanes dan argumentos para seguir pensando en esto temas.





Por una parte J Miguel Mulet (@jmmulet), profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, bloguero de Tomates con genes/ El blog de J M Mulet en Naukas, y autor de "COMER SIN MIEDO. Mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación en el siglo XXI". Mulet ha investigado a fondo la alimentación ecológica y rechaza algunas de las bondades que se le atribuyen y para mayor provocación, se declara defensor de los alimentos transgénicos. Os paso un artículo que creo lo retrata muy adecuadamente.
El aboga por los controles y la seguridad que le ofrecen los avances tecnológicos en tanto en cuanto son más rigurosos para los productos convencionales que para los ecológicos.



Todo un mundo por descubrir: los disruptores endocrinos
Por otra parte tenemos a Miquel Porta (@miquelporta)catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, investigador del IMIM y profesor del Máster de Agricultura Ecológica de la Universidad de Barcelona. Sus principales áreas de investigación son: la epidemiología clínica y molecular del cáncer de páncreas; las causas y consecuencias del retraso en la detección del cáncer; y el impacto sobre la salud de los Compuestos Tóxicos Persistentes. Os aporto una  entrevista en la revista Agricultura Ecológica.
Queda mucho camino que andar, que debatir y se requiere de mucho sentido común para tomar decisiones de forma coherente. Los diferentes posicionamientos y conocimientos, como la ciencia en si misma, tienen muchas lagunas y por lo tanto, sorpresas que ofrecernos.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Una decepción muy natural




La verdad es que ya lo conocía pero no me lo quería creer. El “cuerpo” siempre me ha pedido apostar por los alimentos “naturales, ecológicos u orgánicos”. Era lógico para la razón, coherente con nuestra naturaleza y gratificante para mis anhelos. Debían ser mucho mejor.

Pero ya en el año 2009 una revisión publicada en American Journal of Clinical Nutrition de lo publicado durante los previos 50 años (entre 1958 y 2008 ) me dejó sorprendido. El estudio concluía que en referencia al contenido nutricional no existen diferencias significativas entre los alimentos “convencionales” y los alimentos “ecológicos”. Es decir son indistinguibles.

Pero más recientemente (septiembre de 2012),  la revista  Annals of Internal Medicine ha publicado otra revisión realizada por investigadores de la Universidad de Standford, que recoge las investigaciones realizadas en los últimos seis años sobre este tema. Sus conclusiones  siguen la misma dirección. No existe una evidencia clara de que los alimentos orgánicos sean significativamente más nutritivos que los convencionales. 

Pero antes de entrar a ello y, estando en época de crisis, no puedo dejar de constatar una realidad tangible su coste. Lo intuimos todos, lo podemos justificar y además, estamos dispuestos a asumirlo dado que la salud no tiene precio. Así, con datos de mercado publicados por el ministerio español en 2010, queda muy claro que los productos ecológicos encarecen la cesta de la compra. Para los curiosos copio a continuación  una tabla resumen y en el que los huevos, el aceite de oliva y los postres lácteos alcanzan las mayores divergencias.



La verdad es que con esta diferencia que pensaba justificada en aras a la obtención de un mejor grado de nutrición o mayor grado de salud, se me hace ahora complicada para hacer recomendaciones poblacionales que no discriminen.

Por último pero no por ello menos importante, podríamos referirnos al sabor pero parece ser que este no depende tanto de  cómo se ha cultivado sino más bien del momento y forma de recolección.

Bueno esto me permite elucubrar acerca de que, al menos, deben ser menos tóxicos. Y es aquí donde buscando fuentes y opiniones autorizadas he encontrado dos que me han interesado por realizar argumentaciones y razonamientos claros.

Como si de un dialéctico duelo de titanes vemos que aunque divergen no son tan opuestas como a simple lectura pueden parecer.

Por una parte he elegido a J Miguel Mulet, profesor de Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, bloguero de Los productos naturales ¡vaya timo!, y del libro de divulgación que lleva el mismo nombre, entre otros. Mulet ha investigado a fondo la alimentación ecológica y rechaza algunas de las bondades que se le atribuyen y para mayor provocación, se declara defensor de los alimentos transgénicos. Os paso un artículo que creo lo retrata muy adecuadamente.



El aboga por los controles y la seguridad que le ofrecen los avances tecnológicos en tanto en cuanto son más rigurosos para los productos convencionales que para los ecológicos.
Por otra parte tenemos a Miquel Porta, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, investigador del IMIM y profesor del Máster de Agricultura Ecológica de la Universidad de Barcelona. Sus principales áreas de investigación son: la epidemiología clínica y molecular del cáncer de páncreas; las causas y consecuencias del retraso en la detección del cáncer; y el impacto sobre la salud de los Compuestos Tóxicos Persistentes. Os aporto una reciente entrevista en una revista de Agricultura Ecológica.

Si bien nos habla de los compuestos tóxicos persistentes expone que el 90% de los mismos vienen a través de las grasas animales. De forma simple alude que los compuestos de los piensos pasan a los animales y posteriormente a las personas luego es de gran interés proceder a su estricto control.  Al tiempo que cita un estudio del equipo de Luis Domínguez-Boada, publicado en la revista Chemosphere, que evidencia niveles más altos de policlorobifenilos (PCB) en leches con garantías ecológicas que en las convencionales. Por lo que tampoco en esto hay tanta diferencia, también las leches convencionales tienen mayores niveles de pesticidas organoclorados que las ecológicas.

De momento vemos que con estos argumentos un posicionamiento excluyente en cualquiera de los dos sentidos no se sostiene de forma consistente. Queda mucho camino que andar, que debatir y se requiere de mucho sentido común para tomar decisiones de forma coherente, que pueden estar basadas en  diferentes posicionamientos y creencias y que siendo estas lícitas no deben suplir la racionalidad.

sábado, 30 de junio de 2012

¿Transgénicos ecológicos?

Los tomates de antes, de cuando yo era pequeño, tenían más sabor.  Mi padre opinaba lo mismo y, según él, esta frase se la oyó a mi abuelo. Supongo que esta secuencia podría estar repitiéndose desde la época de Colón, cuando vinieron los primeros tomates. Si acepto esta hipótesis de trabajo ¡Qué sabor tan “fantástico” tendrían aquellos tomates!

Recientemente investigadores de la Universidad Politécnica de València y del CSIC, han identificado el gen de la mutación "u" que produce tomates uniformemente maduros, modificación que, parece ser,  también pudo afectar la calidad de los frutos según informa la prensa .

Si las tomateras son plantas que llegaron alrededor del siglo XVI - XVII procedentes de América, junto a pimientos y otros, no deja de resultar curioso que ámbos los tengamos tan asimilados  a la dieta mediterránea. Como curiosidad vale recordar que tomates, pimientos y berenjenas pertenecen a la familia de las solanáceas, junto a sus primas las patatas y ¡el tabaco!

Todo esto me viene al pensamiento mientras veo un video de Veterinarios sin Fronteras de Castilla La Mancha que un entusiasta amigo, Jose Luís Rodrigo, me envía. Lo miro, río y reflexiono. El video se titula "Dos tomates y dos destinos" (os lo adjunto) en él, los actores Joaquín Reyes y Carlos Areces interpretan una divertida parodia, donde un tomate ecológico y un tomate modificado genéticamente se citan en un bar después de haberse conocido a través de un chat en internet.

Una caricatura hecha para arrancar sonrisas (y promocionar la ONG) pero de su contenido no deben extraerse excesivas conclusiones. De entrada quiero relajar a los que lo veáis, recordando que en la actualidad no hay tomates transgénicos en el mercado. Efectivamente, los hubo, en EEUU, el FlavSavr de Calgene y el Endless Summer de Monsanto, pero ambos fracasaron comercialmente y fueron retirados del mercado hace años. En Reino Unido, dos cadenas de supermercados, también estuvieron vendiendo pasta de tomates (Zeneca) durante unos tres años retirándola en 1999 por la adversa opinión pública que sobre los transgénicos reinaba.


Sirva este pretexto para introducir a quien tenga inquietud en este tema tan caliente. ¿Qué es eso de los alimentos orgánicos? Los alimentos orgánicos, ecológicos o biológicos son productos de origen agrícola o agroindustriales que se producen bajo un conjunto de procedimientos y normas que tienen como objetivo primordial la obtención de alimentos sin aditivos químicos ni sustancias de origen sintético como colorantes, saborizantes, gelificantes, entre otros. Buscan una mayor protección del medio ambiente al no utilizar agroquímicos o fertilizantes sintéticos.

Actualmente se identifican en su etiquetado porque se utiliza la palabra "ecológico", "orgánico" o "biológico", figurando normalmente también el nombre de la entidad (pública o privada) que garantiza que se han seguido los estándares para la producción ecológica. A partir de la semana que viene, julio de 2012, los productos ecológicos de la Unión Europea incluirán un logo que será único en los alimentos biológicos producidos en nuestro continente.

Para los alimentos extracomunitarios el logo será voluntario, pero siempre deberá especificarse en el etiquetado, el país de origen y la entidad que certifica que se trata de un alimento genuinamente ecológico.
Desde el punto de vista nutricional es difícil asegurar que sean más saludables. Un artículo de revisión sobre este asunto publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition analizó las publicaciones científicas realizada entre 1958 y 2008 (98.727 artículos) sobre los efectos beneficiosos para la salud de los productos ecológicos. No encontraron evidencia suficiente para asegurarlo.

Sin embargo, podemos decir que los alimentos orgánicos tienen menos aditivos que las versiones NO ecológicas. Según un reciente informe del PAN Europe (Pesticide Action Network) : Lechugas, tomates, pepinosmanzanas son los vegetales con un mayor índice de contaminantes químicos en su composición, derivados de los datos publicados por  la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), sobre restos de pesticidas, con un notable riesgo para la salud, en diferentes vegetales. Según los resultados del estudio, se hallaron unos 30 tipos de tóxicos diferentes en vegetales de consumo habitual en la dieta de un adulto  que interfieren de manera directa en el sistema endocrino, nervioso y hormonal del ser humano.

Ingeridas como contaminantes alimentarios, las sustancias que influyen sobre el sistema hormonal humano, son conocidas como disruptores endocrinos, y pueden asociarse a enfermedades crónicas como el cáncer de mama o próstata, disfunciones fértiles, daños cerebrales, obesidad o diabetes.

Por otra parte no me gustaría dejar sin introducir en el post a los tan denostados alimentos transgénicos. En primer lugar una cuestión de nombres: ¿Son los organismos modificados genéticamente lo mismo que los productos transgénicos? Los organismos genéticamente modificados (OGM) son alimentos a los que simplemente se les inhibe o potencia la expresión de uno de sus genes. Los transgénicos son organismos genéticamente modificados a los que se les ha añadido genes de otra especie. Así todos los transgénicos son OGM, pero no todos los OGM son transgénicos.

Algunas organizaciones, como Greenpeace, han elaborado listados de productos cuyos fabricantes han garantizado que no utilizan transgénicos –ni derivados– en sus ingredientes o aditivos (lista verde) o bien listados para los cuales no puede garantizar que no contengan transgénicos (lista roja). Para preparar la “lista roja” utilizan tres métodos de verificación: incluyen productos en cuya etiqueta figura que contienen transgénicos o derivados; incluyen productos para los cuales sus análisis los han detectado; e incluyen productos cuyos fabricantes no garantizan, a la ONG, la ausencia de transgénicos –o derivados– entre sus ingredientes o aditivos. En este último caso aquellos fabricantes que no contestaron, pasaron a ocupar la lista de sospechosos de contener OGM. Obviamente, en mi opinión, salvo pruebas fehacientes debería manifestarse claramente esta condición.
Es obligatorio indicar en el etiquetado aquellos productos cuyo contenido en OMG supere el 0,9 %. Además, todas las sustancias cuyo origen sea un OMG deben mencionarlo en la lista de ingredientes con las palabras «modificado genéticamente».

Como decía esta dicotomía es un interesante mundo lleno de controversia que convive con nosotros, al igual que el sabor del tomate, entre la nostalgia o añoranza y la modernidad (ciencia).