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domingo, 15 de abril de 2018

Dulces noticias sobre las tasas del azúcar


La reducción del consumo exagerado de azúcares puede suponer un fuerte impulso para desacelerar la epidemia de la obesidad y la diabetes en la que nos hallamos instalados. El establecimiento de planes de acción que incluyan la instauración de impuestos sobre las bebidas azucaradas, la restricción de su comercialización y la educación de la población infantil puede tener un gran impacto en la salud.

Una noticia de la agencia ACN, de este mes de abril, alienta aquellas ideas que desde la evidencia científica y el convencimiento creemos factibles y efectivas para mejorar la salud de la población.

Fuente: La Vanguardia 09-04-2018
En mayo del 2017, el gobierno de la Generalitat de Catalunya implementó un impuesto para gravar el consumo de bebidas azucaradas envasadas. De hecho, se establecieron dos tipos de gravamen según el contenido en azúcar de las bebidas: de 0,12 euros / litro para aquellas que contenían más de 8 gramos de azúcar por cada 100 ml y otro, de 0,08 euros / litro para las bebidas de entre 5 y 8 gramos de azúcar por cada 100 ml. 

CRES-UPF Working Paper 201804-110
Ha pasado un año y según el informe Impact of SSB taxes in consumption (Impacto del impuesto de bebidas azucaradas sobre el consumo de estas bebidas en Cataluña) del Centre de Recerca en Economia i Salut de la Universitat Pompeu Fabra muestra que el impuesto está influyendo en el consumo de bebidas azucaradas. Utilizando datos de una cadena de supermercados y los datos de 160 tiendas, se ha estimado la disminución de la venta de aproximadamente seis litros por semana, producto y tienda si se compara con el consumo de bebidas light/zero. Estas cifras suponen, como describen en el informe, una reducción de un 22% comparado con el consumo que había antes de la aplicación del impuesto.


Además, una parte de la caída del consumo de bebidas azucaradas ha sido sustituida por el consumo de bebidas light y zero ("efecto de sustitución"), las cuales aumentaron sus ventas en el mismo periodo.

Los autores del estudio, Judith Vall y Guillermo López, extrapolan sus resultados a todos los consumidores catalanes, para concluir que el impuesto ha supuesto una reducción energética de 107 kilocalorías por persona y semana




Uno de los hallazgos más interesantes  es el carácter diferencial del impacto del impuesto. Los efectos observados de disminución han sido mayores en las áreas no turísticas y en aquellas con una tasa de obesidad más elevada.





Pero quizás el hecho que hace más potente los datos de disminución de ventas estimados con respecto a otros estudios anteriores es una característica propia del texto legislativo del capitulo VIII de la LEY 5/2017, de 28 de marzo de la Generalitat Catalana que la regula. Este importante aspecto ha sido repercutir el 100% del impuesto en el consumidor final.

Como señala el resumen del informe: "nuestros resultados son informativos para los formuladores de políticas que planean introducir impuestos similares en otros países, como el Reino Unido, Irlanda o Sudáfrica, que están listos para implementar un impuesto SSB en 2018."

Un buen argumento que se debe sumar a la petición que hace unos meses se hacía desde la Sociedad Española de Epidemiología a las administraciones públicas. A cuyo documento ya hice mención en otro post reciente de ¡A Tu Salud!.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Un impuesto al azúcar, un impulso a la salud



Con la disponibilidad de alimentos que tenemos a nuestro alcance es muy fácil consumir demasiado azúcar, y aunque a veces sea consecuencia de una decisión consciente la mayoría de las veces es un consumo no consciente. Porque cuando hablamos de azúcares simples no debemos ceñirnos sólo al azúcar de mesa, los dulces, los refrescos o los pasteles sino que también debemos tener presente el que existe en otros alimentos y del no conocemos su presencia. Este es el caso de salsas de tomate, kétchup, galletas, helados, cereales de desayuno, bollería industrial, chocolates, cacao en polvo, conservas, aperitivos, embutidos, yogur y lácteos. Para más información consultad en esta otra entrada del blog. Pero si tuviéramos que señalar algún alimento como fuente de azúcar (no siempre bien conocida) señalaría sin dudar a las bebidas azucaradas (isotónicas, zumos y refrescos azucarados) cuyo consumo es frecuente y especialmente preocupante entre los niños y adolescentes.


Desde un punto de vista nutricional no es imprescindible el azúcar sencillo de la dieta. En las nuevas directrices sobre la ingesta de azúcares de la Organización Mundial de la Salud se recomienda reducir el consumo de azúcares libres, tanto en adultos como en niños, a menos del 10% de la ingesta calórica total (recomendación firme). Pero además añaden una recomendación condicional que es bajar del 5% de la ingesta energética total si se pretenden conseguir beneficios adicionales para la salud.

Lo que en lenguaje común significa menos de 50 g para una dieta tipo de 2000 kcal en el primer supuesto (10%) o  menos de 25 g de azúcar simple (5% de 2000 kcal) para conseguir un bonus extra de salud.

Por ello, reducir el consumo excesivo de azúcares puede suponer un fuerte impulso parar la epidemia de la obesidad y la diabetes, y aunque la consciencia y voluntad individual deben suponer un puntal importante es necesario que los diferentes países establezcan planes de acción globales que comprendan la instauración de impuestos sobre las bebidas azucaradas, la restricción de la comercialización de los productos azucarados a los niños y la educación de los mismos en este sentido.

La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) mueve ficha

Acceso al informe
La obesidad se ha convertido en una epidemia en todo el mundo y solo en España, el 60% de los ciudadanos sufre sobrepeso u obesidad siendo especialmente preocupante entre la población infantil, (afecta a un 8% de las niñas y a un 13% de los niños). Una de las principales causas de esta epidemia es el consumo de bebidas azucaradas (refrescos, bebidas deportivas, bebidas energéticas y zumos de fruta). Con estas premisas, el Grupo de trabajo de nutrición de la SEE ha elaborado un informe en el que se pide a las administraciones públicas que se tomen medidas para paliar esta situación. Así lo han transmitido ya tanto al Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad como a la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados.

El informe de la SEE incluye las siguientes  recomendaciones:
  • Introducir cambios fiscales que eleven el coste de las bebidas azucaradas para desincentivar su consumo (gravar con al menos un 20% el precio de estas bebidas). 
  • El gravamen debería ir en consonancia con la cantidad de azúcar que contengan para incentivar a la industria a reformular sus productos. 
  • Acompañar el aumento en la recaudación fiscal con: 
    • Inversión en subvenciones para la reducción del precio de alimentos más saludables (frutas y verduras). 
    • Regulación de la promoción y publicidad dirigida a niños y adolescentes de este tipo de bebidas. 
    • Programas de prevención de obesidad, especialmente destinados a los niños y adolescentes. 
  • Garantizar el suministro de agua potable a toda la población y regular la existencia de una fuente de agua potable en todos los centros educativos, así como en cualquier recinto de carácter público. 
  • Normalizar el etiquetado de las bebidas azucaradas que incluya, de forma visible, su contenido en azúcar, valor energético y advertencias gráficas de los riesgos para los usuarios, con un tamaño y tipo de letra estandarizados que garanticen su visibilidad.
  • Establecer mecanismos de control de la publicidad en medios de comunicación, restringiendo su difusión en horario infantil. 
  • Generar mecanismos de control sobre el patrocinio de empresas de bebidas azucaradas en programas, actividades y proyectos que reciban cualquier tipo de financiación pública. 
  • Desarrollar actuaciones por parte de las administraciones públicas para eliminar la oferta de bebidas azucaradas en máquinas expendedoras situadas en centros de titularidad pública o público-privada.
El informe finaliza con una interesante tabla de argumentos que contesta las opiniones  que existen en contra de la adopción de medidas fiscales. Un interesante trabajo que ahora debe trasladarse a la acción. ¡Limitemos los azúcares para no amargarnos la salud!


jueves, 24 de noviembre de 2016

Pongamos tasas a las bebidas azucaradas para no amargarnos la salud



Con la disponibilidad de alimentos que tenemos a nuestro alcance es muy fácil consumir demasiado azúcar, sea de forma consciente o no. Porque cuando hablamos de azúcares simples no debemos ceñirnos sólo al azúcar de mesa, los dulces o los pasteles sino que también debemos tener presente el que existe oculto en otros alimentos como salsas de tomate, kétchup, galletas, helados, cereales de desayuno, bollería industrial, chocolates, cacao en polvo, conservas, aperitivos, embutidos, yogur y lácteos. Para más información consultad en otra entrada de este blog, Ah! pero si tuviéramos que señalar algún alimento como fuente de azúcar señalaría sin dudar a las bebidas azucaradas (isotónicas, zumos y refrescos azucarados) cuyo consumo va en aumento de forma especialmente preocupante entre los niños y adolescentes.


Desde un punto de vista nutricional no es imprescindible el azúcar sencillo de la dieta. En las nuevas directrices sobre la ingesta de azúcares de la Organización Mundial de la Salud se recomienda reducir el consumo de azúcares libres, tanto en adultos como en niños, a menos del 10% de la ingesta calórica total (recomendación firme). Pero además añaden una recomendación condicional que es bajar del 5% de la ingesta energética total si se pretenden conseguir beneficios adicionales para la salud.

Para una dieta tipo de 2000 kcal esto significaría menos de 50 g en el primer supuesto (10%) y  menos de 25 g de azúcar (5%) simple para conseguir un bonus extra de salud.

Por ello, reducir el consumo excesivo de azúcares puede suponer un fuerte impulso parar la epidemia de la obesidad y la diabetes, aunque no sólo requiere de la voluntad individual sino que por parte de los países se establezcan planes de acción globales que comprendan la instauración de impuestos sobre las bebidas azucaradas, la restricción de la comercialización de los productos azucarados a los niños y la educación de los mismos en este sentido.
Acceder al informe resumen

Según recoge el informe: Fiscal policies for diet and prevention of noncommunicable diseases: technical meeting report, de OMS (2016), una tasa del 20% sobre las bebidas azucaradas puede conducir la reducción de su consumo de un 20% aproximadamente, además de prevenir la obesidad y la diabetes. Y si además se acompañara de un subsidio para que las frutas y hortalizas frescas redujeran sus precios en un 10-30%, se potenciaría el consumo de las mismas sin lugar a dudas. 

Varios países han adoptado medidas fiscales para proteger a las personas de los productos que perjudican la salud. Por ejemplo, México introdujo en 2014 un impuesto especial sobre las bebidas no alcohólicas con azúcares añadidos de un peso por litro de refresco, lo que significó un aumento del 10% en el precio de venta al público. Un reciente artículo en el BMJ, estimó que tras la tasa, la compra de estas bebidas disminuyó un 6% aproximadamente, llegando al 12% en el último mes medido (diciembre de 2014). También Hungría, desde 2012, grava los productos envasados con alto contenido en azúcares, sal o cafeína. Cómo podéis ver medidas de lo más interesante.

Estas medida favorecerían con mayor intensidad a las poblaciones vulnerables, como los consumidores de bajos ingresos, ya que son más sensibles a los precios. En el estudio mexicano aludido el promedio de disminución de compras en los hogares de nivel socioeconómico bajo el promedio de disminución fue del 9% llegando al 17% en diciembre de 2014. Esto se puede interpretar como que en términos de salud obtendrían un mayor provecho de los cambios en los precios relativos de los alimentos y bebidas. Basta recordar que la obesidad tiene una mayor prevalencia en estos estratos socioeconómicos.

Sin embargo, se debe trabajar desde el ámbito educativo la rehabilitación del agua (nada tan simple como saludable) como la bebida por excelencia. Paradójicamente, el agua ha perdido su lugar de primaria y cualquier campaña para conseguir que la busquemos como primera fuente de hidratación será muy bienvenida. Las escuelas son un entorno clave para enseñar a los niños una hidratación saludable y formar comportamientos positivos a largo plazo para el consumo de bebidas. 

Acceder a la revisión.

Las intervenciones basadas en la escuela pueden llegar a grandes grupos de niños de todas las clases sociales, y los mensajes aprendidos pueden llevarse a casa a las conductas de impacto en la familia y en otros lugares. Como los niños a menudo consumen al menos una comida o refrigerio durante el día escolar, la promoción de opciones saludables de bebidas en estas comidas puede reforzar su conocimiento y comportamiento nutricional saludable. En este sentido, tener una política de nutrición escolar saludable parece ayudar a reducir el consumo de bebidas refrescantes con azúcar. Una revisión de estrategias en el ámbito escolar revisa los tipos de acciones, el número y los componentes que pueden hacer más exitosas las actividades para estimular el consumo de agua como bebida principal. En el texto han categorizado los componentes clave para la acción según sean educacionales, del entorno o parentelas, o bien modelos mixtos o multi-componente evaluando el rango de intervenciones  diversas a realizar. Desde aquí podéis acceder a ella.






jueves, 2 de abril de 2015

En alimentación, las tasas no resuelven pero ayudan.


El debate de poner impuestos u ofrecer ayudas para evitar/estimular el consumo de algunos alimentos o bebidas en detrimento de otros viene de largo y para mi es un tema recurrente que suelo visitar periódicamente basta recordar las reflexiones que dejé en otras entradas de este blog, como por ejemplo: Un poco de azúcar ya empieza a ser demasiado o El peso ligero del impuesto más dulce, en el caso de los azúcares.


Hoy lo vuelvo a recoger motivado por un informe publicado hace apenas un mes de OMS Europa, el cual nos resume experiencias y modelos de práctica en este sentido: Using price policies to promote healthier diets (2015). Sus conclusiones son claras: esta medidas son factibles, pueden influir en los patrones de consumo y de compra (en algunos casos), se ha podido identificar impactos medibles derivados en los hábitos alimentarios y de salud, y además, podrían generar ingresos revertibles en prevención y la salud pública. De interesante lectura, os resumo las experiencias de las que habla y que en el texto se desarrollan con mayor profundidad:



Dinamarca: Instauró un impuesto sobre las grasas saturadas de aproximadamente 2,15€ por kg en productos con más de 2,3 g de grasas saturadas por 100 (por ejemplo, carne, productos lácteos, aceites y grasas comestibles, la margarina y las mezclas para untar). Resultado: el impuesto redujo en un 10-15% el consumo a corto plazo de algunos productos. Lamentablemente (para mi) ya no está en vigor.

Finlandia: Un impuesto sobre los dulces, helados (0,95 € por kg) y refrescos con azúcar (0,22 € por litro). Resultado: disminución reportada en el consumo de dulces y refrescos en 2011 y 2014, pero no hay una evaluación formal para inferir la causalidad.

Francia: Un impuesto (aproximadamente € 0,07 por litro) sobre todas las bebidas no alcohólicas con azúcar o edulcorantes añadido que grava desde 2012 a los fabricantes franceses, importadores y establecimientos de comida de bebidas con adición de azúcar o edulcorantes, incluyendo refrescos, bebidas de frutas, aguas saborizadas y bebidas "light". Resultado: produjo una caída inmediata de las ventas de estos productos tras la introducción del impuesto. 

Hungría: Un impuesto sobre las bebidas endulzadas con azúcar, bebidas energéticas (con metilxantinas o taurina), productos de confitería, galletas saladas, condimentos, alcohol con alto contenido en azúcar y mermeladas de frutas y helados, que grava a tasas diferentes desde 2011. Resultados: se observó la reducción del consumo y la reformulación de los productos en cuestión.

Unión Europea: Un plan de ayudas para proporcionar frutas y verduras para los niños en las escuelas, financiado por la UE con contribuciones nacionales, privadas y de los padres. El plan llega a más de 8 millones de niños en más de 54 000 escuelas en 25 países participantes. 
En 2010/2011, la UE gastó 55,4 millones de euros (de los 90 millones de euros asignado al plan), junto a los padres y la cofinanciación privada fue de 44,5 M €, con lo que el gasto total estuvo ligeramente por debajo de 100 millones de euros. Resultados: se observó un aumento del consumo de frutas y verduras a corto plazo. El consumo y los impactos en la salud a largo plazo aún no se han podido determinar.

Pero escribiendo esta entrada encuentro otro punto de vista sobre las tasas realizado por una potente organización de consumidores. La revista OCU-Salud se plantea este mes la siguiente pregunta: Impuestos a la grasa y el azúcar ¿Quién se privaría por unos céntimos?  En sus conclusiones, la Organización de Consumidores y Usuarios, argumenta que penalizar grasa y azúcar como medida a secas, les "parece una medida inútil" y se adhieren a la opinión de aquellos que consideramos que la lucha contra la obesidad requiere un abordaje múltiple y adaptado a cada población. Me parece muy interesante conocer la opinión sobre este tema de los ciudadanos en tanto son consumidores activos (que es como considero a los asociados de OCU). Además su estudio nos desvela que:

  • el 87% de los consumidores creen que los impuestos de los productos saludables deberían ser mas bajos y los de los poco saludables más altos 
  • el 72% cree que debería subvencionarse el precio de la fruta y la verdura para aumentar su consumo
  • el 71% manifiesta que compraría productos saludables mas a menudo si su precio fuera menor
Uno podría llegar a pensar que con estas premisas, el consumo considerado en función de la variable precio es altamente predecible pero la misma encuesta nos ofrece dos datos más:
  • un 30% de los entrevistados manifiesta que un impuesto especial sobre los alimentos no saludables cambiaría sus compras
  • un 29% dejaría de comprar alimentos poco saludables si se les subiera el precio un 40%
De aquí parece derivarse que el precio es uno de los principales factores que influye en la elección de alimentos y que las estrategias de fijación de precios (implantación de impuestos) pueden ser disuasorias (al menos para una de cada tres personas). Es decir que estas medidas podrían actuar (respetando la libertad de decisión) en el concepto de los llamados “empujoncitos o nudge", moduladores de ciertas acciones como argumentamos en otro post. En definitiva, una estrategia de precios altos en determinados productos puede tener un importante efecto sobre su consumo, sobre todo en los países de bajos ingresos y de forma interesante en los grupos socioeconómicos más desfavorecidos. 

Lo dicho la modulación de precios no es "la" medida definitiva pero junto a una adecuada educación, información nutricional supone, si se complementan las tasas con ayudas a productos saludables, un ambiente de elección asequible a la ciudadanía que quiere poner salud en su plato independientemente de su nivel adquisitivo.