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domingo, 15 de abril de 2018

Dulces noticias sobre las tasas del azúcar


La reducción del consumo exagerado de azúcares puede suponer un fuerte impulso para desacelerar la epidemia de la obesidad y la diabetes en la que nos hallamos instalados. El establecimiento de planes de acción que incluyan la instauración de impuestos sobre las bebidas azucaradas, la restricción de su comercialización y la educación de la población infantil puede tener un gran impacto en la salud.

Una noticia de la agencia ACN, de este mes de abril, alienta aquellas ideas que desde la evidencia científica y el convencimiento creemos factibles y efectivas para mejorar la salud de la población.

Fuente: La Vanguardia 09-04-2018
En mayo del 2017, el gobierno de la Generalitat de Catalunya implementó un impuesto para gravar el consumo de bebidas azucaradas envasadas. De hecho, se establecieron dos tipos de gravamen según el contenido en azúcar de las bebidas: de 0,12 euros / litro para aquellas que contenían más de 8 gramos de azúcar por cada 100 ml y otro, de 0,08 euros / litro para las bebidas de entre 5 y 8 gramos de azúcar por cada 100 ml. 

CRES-UPF Working Paper 201804-110
Ha pasado un año y según el informe Impact of SSB taxes in consumption (Impacto del impuesto de bebidas azucaradas sobre el consumo de estas bebidas en Cataluña) del Centre de Recerca en Economia i Salut de la Universitat Pompeu Fabra muestra que el impuesto está influyendo en el consumo de bebidas azucaradas. Utilizando datos de una cadena de supermercados y los datos de 160 tiendas, se ha estimado la disminución de la venta de aproximadamente seis litros por semana, producto y tienda si se compara con el consumo de bebidas light/zero. Estas cifras suponen, como describen en el informe, una reducción de un 22% comparado con el consumo que había antes de la aplicación del impuesto.


Además, una parte de la caída del consumo de bebidas azucaradas ha sido sustituida por el consumo de bebidas light y zero ("efecto de sustitución"), las cuales aumentaron sus ventas en el mismo periodo.

Los autores del estudio, Judith Vall y Guillermo López, extrapolan sus resultados a todos los consumidores catalanes, para concluir que el impuesto ha supuesto una reducción energética de 107 kilocalorías por persona y semana




Uno de los hallazgos más interesantes  es el carácter diferencial del impacto del impuesto. Los efectos observados de disminución han sido mayores en las áreas no turísticas y en aquellas con una tasa de obesidad más elevada.





Pero quizás el hecho que hace más potente los datos de disminución de ventas estimados con respecto a otros estudios anteriores es una característica propia del texto legislativo del capitulo VIII de la LEY 5/2017, de 28 de marzo de la Generalitat Catalana que la regula. Este importante aspecto ha sido repercutir el 100% del impuesto en el consumidor final.

Como señala el resumen del informe: "nuestros resultados son informativos para los formuladores de políticas que planean introducir impuestos similares en otros países, como el Reino Unido, Irlanda o Sudáfrica, que están listos para implementar un impuesto SSB en 2018."

Un buen argumento que se debe sumar a la petición que hace unos meses se hacía desde la Sociedad Española de Epidemiología a las administraciones públicas. A cuyo documento ya hice mención en otro post reciente de ¡A Tu Salud!.


sábado, 17 de febrero de 2018

Etiquetado frontal ¿para qué tipo de consumidores?

Hace un par de años llegaron de forma obligatoria los etiquetados nutricionales a nuestro país, puedes consultarlo aquí. Con ellos obtenemos información sobre la composición de los alimentos las personas que son capaces de leer las etiquetas; están interesadas en conocer este dato y saben interpretar las mismas. Pero que se den estas tres circunstancias no es una situación generalizable. Un gran número de consumidores se quedan con lo básico y acaban comprando los productos por otras razones.

Así que algunos países, sociedades científicas y organizaciones se han puesto manos a la obra y han propuesto sistemas más directos e interpretables para que la población pueda con un golpe de vista realizar una evaluación de la calidad de un alimento. En definitiva de saber si es más o menos adecuado desde un punto de vista nutricional y de la salud que otro alimento similar. Tras obtener información con el etiquetado nutricional, la cuestión está ahora en hacerla comprensible y práctica al consumidor. Es hora de hablar de los logotipos nutricionales o etiquetas frontales que ofrezcan criterios fáciles de consumo alimentario para todo aquel que desee poner atención a su alimentación.

Con el paso de los años, se han desarrollado diferentes sistemas de etiquetado frontal/logos nutricionales que intentan (o eso pretendemos) ser una ayuda al consumidor. Cómo podemos imaginar la industria no siempre está totalmente de acuerdo con ellos. Vamos a ver algunos tipos.

1.- Sistemas que proporcionan información acerca de nutrientes específicos cuyo consumo es de relevancia para la salud del consumidor. Estos suelen mostrar la cantidad de energía (kilocalorías)  y de determinados nutrientes (grasas, grasas saturadas, sodio/sal y azúcares) que aporta una ración de un determinado alimento o bebida con respecto a las necesidades diarias que tenemos.

Un ejemplo de este tipo de etiquetado es el que utiliza las Cantidades Diarias Orientativas (CDO) o Guideline Daily Amounts (GDAs)


Y cuando decimos "con respecto a las necesidades diarias que tenemos" queremos dar a entender que están referidos sus contenidos a las cantidades recomendadas por expertos y la EFSA (European Food Safety Authority). En nuestro ámbito estos valores se calculan a partir de las necesidades medias estimadas para la población y que se reflejan en una mujer media con los niveles actuales de actividad física y estilo de vida, es decir para 2.000 kcal.

Otro ejemplo que ha tenido gran difusión es el semáforo nutricional de Reino Unido (UK Traffic Light).
La información nutricional codificada por colores, como se muestra en la imagen inferior, indica a simple vista si los alimentos tienen cantidades altas, medias o bajas de grasas, grasas saturadas, azúcares y sal. En resumen, rojo significa alto; ámbar significa medio y verde se corresponde con bajo contenido. 
Cualquier color rojo en la etiqueta significa que la comida es rica en uno de los nutrientes evaluados, esto es en grasas, grasas saturadas, azúcares o sal. Por lo que estos alimentos deberían incluirse en menor frecuencia o en pequeñas cantidades. Si un consumidor quiere o debe reducir el consumo de alguno de estos nutrientes, bastará con limitar el consumo de alimentos de aquellos que luzcan rojo en el nutriente a considerar. 

Por el contrario,  si se compra un alimento que tiene toda o la mayoría de "sellos" de color verde en la etiqueta, se puede augurar que es una opción más saludable. Como el ámbar significa ni alto ni bajo, su consumo debe ser tenido en consideración cuando está presente la mayoría de ámbar en la etiqueta.

Traducidos en cantidades, los rangos alto-medio-bajo se sitúan de la siguiente forma:

Grasa total: 
  • Alto: más de 17,5 g de grasa por 100 g
  • Bajo: 3 g de grasa o menos por 100 g
Grasa saturada
  • Alto: más de 5 g de grasa saturada por 100 g
  • Bajo: 1,5 g de grasa saturada o menos por 100 g
Azúcares
  • Alto: más de 22,5 g de azúcares totales por 100 g
  • Bajo: 5 g de azúcares totales o menos por 100 g
Sal
  • Alto: más de 1,5 g de sal por 100 g (o 0,6 g de sodio)
  • Bajo: 0,3 g de sal o menos por 100 g (o 0,1 g de sodio)
Veamos un ejemplo gráfico para la comparación entre los dos sistemas:



2.- Sistemas de resumen que hacen una evaluación global del producto en relación al contenido nutricional, determinando si el producto satisface los criterios de calidad nutricional. Este sistema orienta al consumidor a hacer selecciones intuitivas de alimentos saludables sin necesidad de procesar la información nutricional al detalle. 

Un ejemplo de este tipo de etiquetado es el de “Choices” basado en las recomendaciones de la OMS.
El programa Choices se introdujo en 2006 en respuesta a una llamada de la OMS a la industria alimentaria. El programa Choices es una iniciativa de múltiples partes interesadas que ayuda a los consumidores a seleccionar fácilmente opciones de alimentos saludables es decir, cuyo objetivo es hacer que la opción saludable sea la opción más fácil. El programa se basa en los criterios que utilizan directrices dietéticas internacionales como base y son revisados ​​por comités científicos independientes. Estos criterios se pueden utilizar para la reformulación de productos, ofertas de productos saludables e implementar un logotipo de frente de paquete que se puede encontrar en productos alimenticios que cumplen los criterios de Choice. Los criterios de elección, establecidos por un comité científico independiente, indican la opción más saludable en cada grupo de alimentos.
La Choices International Foundation sirve como un cuerpo general de los programas nacionales Choices y representa el programa a nivel internacional. 

El 16 de abril de 2013, la versión holandesa del logotipo Choices recibió la aprobación nacional y de la UE. El logotipo es ahora el logotipo de elección de comida para los Países Bajos. La OMS ha identificado Choices como uno de los pocos sistemas validados de perfiles de nutrientes. Esto ha llevado al establecimiento de Choices como una plataforma para el intercambio de información y conocimientos entre científicos, empresas y autoridades públicas de los sistemas de logotipos positivos del etiquetado frontal.

El sistema NutriScore (logotipo 5 colores o 5C). Este etiquetado se basa en el empleo de cinco colores que determinan la calidad nutricional del producto y de mejor a peor calidad serían el verde, amarillo, naranja, rosa fucsia y rojo. Su determinación se basa en el cálculo del índice de calidad nutricional proporcionado por la Agencia Inglesa para los Estándares alimentarios (Food Standards Agency), el cual, tiene en cuenta la cantidad de energía, azúcares simples, ácidos grasos saturados, sodio, fibra, proteínas y porcentaje de frutas y verduras por cada 100 gramos de producto final. 


El sistema transversal de NutriScore permite diferenciar la calidad nutricional de los alimentos pertenecientes a familias diferentes, o dentro de una misma familia diferenciar un producto de otro, o incluso distinguir entre los mismos tipos de productos pero de marcas alimentarias distintas.  Colocado en la parte frontal de los envases, este logotipo es un complemento de información añadido al obligatorio etiquetado nutricional por nutrientes situado, generalmente, en la cara posterior de los envases. 

Nuestros vecinos a través del gobierno frances han optado por esta fórmula para identificar los alimentos saludables. La elección es el resultado del estudio publicado en Nutrients que se llevó a cabo en varios supermercados y con varios formatos de etiquetas, siendo NutriScore el etiquetado por colores y letras que mejor funcionó entre los sistemas comparados (“tick” verde de calidad, el semáforo nutricional y las Cantidades Diarias Recomendadas). El etiquetado por 5 colores fue el sistema más eficaz para que los consumidores pudieran reconocer y comparar la calidad nutricional de los alimentos. En especial los consumidores de alto riesgo nutricional como son los de mayor edad, menor nivel educativo, ingresos más bajos o con sobrepeso.

Visto esto cabrá especular también si Nutriscore es una herramienta útil para los consumidores españoles como presentan en este artículo de la Revista Española de Nutrición Comunitaria.

¿Qué opináis? ¿Cual es el método que más se acopla a cada uno de vosotros?


domingo, 3 de diciembre de 2017

Un impuesto al azúcar, un impulso a la salud



Con la disponibilidad de alimentos que tenemos a nuestro alcance es muy fácil consumir demasiado azúcar, y aunque a veces sea consecuencia de una decisión consciente la mayoría de las veces es un consumo no consciente. Porque cuando hablamos de azúcares simples no debemos ceñirnos sólo al azúcar de mesa, los dulces, los refrescos o los pasteles sino que también debemos tener presente el que existe en otros alimentos y del no conocemos su presencia. Este es el caso de salsas de tomate, kétchup, galletas, helados, cereales de desayuno, bollería industrial, chocolates, cacao en polvo, conservas, aperitivos, embutidos, yogur y lácteos. Para más información consultad en esta otra entrada del blog. Pero si tuviéramos que señalar algún alimento como fuente de azúcar (no siempre bien conocida) señalaría sin dudar a las bebidas azucaradas (isotónicas, zumos y refrescos azucarados) cuyo consumo es frecuente y especialmente preocupante entre los niños y adolescentes.


Desde un punto de vista nutricional no es imprescindible el azúcar sencillo de la dieta. En las nuevas directrices sobre la ingesta de azúcares de la Organización Mundial de la Salud se recomienda reducir el consumo de azúcares libres, tanto en adultos como en niños, a menos del 10% de la ingesta calórica total (recomendación firme). Pero además añaden una recomendación condicional que es bajar del 5% de la ingesta energética total si se pretenden conseguir beneficios adicionales para la salud.

Lo que en lenguaje común significa menos de 50 g para una dieta tipo de 2000 kcal en el primer supuesto (10%) o  menos de 25 g de azúcar simple (5% de 2000 kcal) para conseguir un bonus extra de salud.

Por ello, reducir el consumo excesivo de azúcares puede suponer un fuerte impulso parar la epidemia de la obesidad y la diabetes, y aunque la consciencia y voluntad individual deben suponer un puntal importante es necesario que los diferentes países establezcan planes de acción globales que comprendan la instauración de impuestos sobre las bebidas azucaradas, la restricción de la comercialización de los productos azucarados a los niños y la educación de los mismos en este sentido.

La Sociedad Española de Epidemiología (SEE) mueve ficha

Acceso al informe
La obesidad se ha convertido en una epidemia en todo el mundo y solo en España, el 60% de los ciudadanos sufre sobrepeso u obesidad siendo especialmente preocupante entre la población infantil, (afecta a un 8% de las niñas y a un 13% de los niños). Una de las principales causas de esta epidemia es el consumo de bebidas azucaradas (refrescos, bebidas deportivas, bebidas energéticas y zumos de fruta). Con estas premisas, el Grupo de trabajo de nutrición de la SEE ha elaborado un informe en el que se pide a las administraciones públicas que se tomen medidas para paliar esta situación. Así lo han transmitido ya tanto al Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad como a la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados.

El informe de la SEE incluye las siguientes  recomendaciones:
  • Introducir cambios fiscales que eleven el coste de las bebidas azucaradas para desincentivar su consumo (gravar con al menos un 20% el precio de estas bebidas). 
  • El gravamen debería ir en consonancia con la cantidad de azúcar que contengan para incentivar a la industria a reformular sus productos. 
  • Acompañar el aumento en la recaudación fiscal con
    • Inversión en subvenciones para la reducción del precio de alimentos más saludables (frutas y verduras). 
    • Regulación de la promoción y publicidad dirigida a niños y adolescentes de este tipo de bebidas. 
    • Programas de prevención de obesidad, especialmente destinados a los niños y adolescentes. 
  • Garantizar el suministro de agua potable a toda la población y regular la existencia de una fuente de agua potable en todos los centros educativos, así como en cualquier recinto de carácter público. 
  • Normalizar el etiquetado de las bebidas azucaradas que incluya, de forma visible, su contenido en azúcar, valor energético y advertencias gráficas de los riesgos para los usuarios, con un tamaño y tipo de letra estandarizados que garanticen su visibilidad.
  • Establecer mecanismos de control de la publicidad en medios de comunicación, restringiendo su difusión en horario infantil. 
  • Generar mecanismos de control sobre el patrocinio de empresas de bebidas azucaradas en programas, actividades y proyectos que reciban cualquier tipo de financiación pública. 
  • Desarrollar actuaciones por parte de las administraciones públicas para eliminar la oferta de bebidas azucaradas en máquinas expendedoras situadas en centros de titularidad pública o público-privada.
El informe finaliza con una interesante tabla de argumentos que contesta las opiniones  que existen en contra de la adopción de medidas fiscales. Un interesante trabajo que ahora debe trasladarse a la acción. ¡Limitemos los azúcares para no amargarnos la salud!


jueves, 7 de septiembre de 2017

Una salsa sabrosa y saludable: el sofrito


Nadie debe dudar que el descubrimiento de América, con sus luces y muchas sombras, tuvo gran repercusión en nuestra forma de alimentarnos y que su herencia ha contribuido a que disfrutemos de un buen grado de salud. A una u otra orilla del Atlántico, todos nos enriquecimos con nuevos alimentos y bebidas y la cocina de ambos continentes sufrió una importante transformación marcando, el cambio al siglo XVI, un antes y un después en el repertorio culinario tradicional. Actualmente no se concibe el recetario de nuestro país sin referencias al tomate, la patata, las alubias, el maíz, el calabacín, el pimiento o el chocolate por poner algunos ejemplos. Sin ellos no tendríamos algunas joyas gastronómicas como el gazpacho andaluz, las patatas a la riojana, la fabada asturiana o el pisto manchego.

Una buena fusión intercontinental se produjo cuando uno de estos alimentos, el tomate, se cruzó con el aceite de oliva. Bien en crudo, ensaladas y gazpacho, bien frito como es el caso del sofrito. No deja de sorprender las propiedades que reúne este maridaje para "conjurar" algunos problemas de salud y dos estudios, publicados en los últimos años, nos explican las bondades de los sofritos.

Pero ¿qué es sofreír?
Llamamos sofrito a los alimentos que freímos ligeramente (sofreímos) con aceite de oliva virgen. El sofrito es la base fundamental de muchos platos de la cocina mediterránea. Casi no hay guiso sin sofrito. 

La técnica es sencilla. Se pone a calentar una sartén, cazuela o puchero con un generoso chorro de aceite de oliva virgen (extra), se echa la cebolla picadita y cuando empiece a dorarse, se añade el tomate cortado a dados pequeños. Se debe remover de vez en cuando. A esta base se le puede añadir ajo, pimiento verde o rojo, puerro, zanahoria, etc. Los ingredientes se añaden por orden de durezapor ejemplo primero incorporamos la cebolla y después ajo, pimientos y/o zanahorias para acabar con los ingredientes que suelten más agua y por supuesto, el tomate. El sofrito se puede enriquecer con distintos condimentos como hierbas aromáticas que se añadirán el último momento. Dos últimos consejos, no os excedáis con las especias y, con lo que hoy conocemos, cocinad a fuego lento siempre. Mi amiga Marga de Honrubia es toda una especialista en el manejo prolongado del tiempo para sus pistos, deliciosos y muy nutritivos.  

Se sabe que las dietas ricas en polifenoles están asociadas a la prevención de enfermedades cardiovasculares y degenerativas. Y en 2013 un estudio publicado en la revista Food Chemistry, nos desgrana los componentes de referencia del sofrito mediterráneo (tomate, cebolla, aceite y, en algunos casos, ajo) y concluye que el sofrito mediterráneo, tiene una elevada concentración de polifenoles. Si bien el trabajo analizó diez tipos de sofritos comerciales los resultados son extensibles al sofrito casero. Además desvela que los sofritos contienen más polifenoles que los tomates o zumos de tomate ya que la presencia de ajos, aceite o cebollas también aportan polifenoles y que parece existir un efecto sinérgico (potenciador) entre estos ingredientes.

Más recientemente, en 2017, se han publicado en la revista Food Research International, los resultados de un estudio que explora los efectos de sinergia entre los distintos ingredientes que lleva el tradicional sofrito de tomate y sus efectos en la producción de licopenos.

El estudio concluyó que los tiempos de cocción más largos, cercanos a la hora, y la introducción de la cebolla en esta salsa están relacionados con una mayor producción de licopenos (5-Z-licopeno, 9-Z-licopeno y 13-Z-licopeno), beneficiosos por su capacidad antioxidante y sus potenciales beneficios protectores frente al cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2.

En el, la cebolla demostró ser el ingrediente más interesante en la elaboración del sofrito casero debido a su efecto potenciador sobre la isomerización del licopeno y su uso combinado con un tiempo de procesamiento adecuado (aproximadamente de 60 minutos) puede mejorar la presencia de los carotenoides en los productos derivados del tomate.


Y al tomate, ¿le añadimos azúcar para quitar la acidez?
Muchas salsas de tomate frito y ketchups comerciales presentan cantidades importantes de azúcar que los consumidores ingerimos sin darnos cuenta. Este sabor dulzón disimula (corrige) o modifica el gusto de la salsa. Si quieres conocer más sobre el azúcar que no vemos puedes repasar este post. Pero resulta muy elocuente este ejemplo de sinAzucar.org, esta web es un proyecto artístico que pretende mostrar mediante la fotografía la cantidad de azúcar libre que tienen en su composición muchos de los alimentos que consumimos habitualmente.
En nuestros guisos caseros aunque la mayoría de cocineros recomiendan para que las salsas no resulten ácidas, agregar una cucharadita de azúcar al prepararlas, podemos prescindir tranquila (y saludablemente) del azúcar. Y aunque yo nunca se lo he añadido, si a alguien le molesta esa acidez y desea disimularla, también puede hacerlo añadiendo una pizca de bicarbonato o directamente un poco de zanahoria rallada. ¡Salud!


miércoles, 15 de febrero de 2017

Zumos, nectares y frutas


El día a día nos acaba desbordando con tanta variedad de lo mismo. Hoy me refiero a las distintas presentaciones en que consumimos fruta o eso es lo que nos hacen creer. Si bien tenemos poca dificultad en identificar qué es una fruta, cuando queremos definir  una pieza de fruta ya comienzan las interpretaciones. Si una naranja es una pieza y ración de fruta ¿lo es también una cereza? o ¿un melón?

En teoría el razonamiento es sencillo. Una ración de fruta corresponde a una cantidad mas o menos a 140-150 g de la misma en crudo y limpia para comer. Así equivale a una fruta mediana (pera, manzana, naranja, plátano, membrillo, pomelo, etc.), una rodaja de melón, sandía o piña, 1 vaso de zumo exprimido, 2-3 piezas de tamaño mediano de albaricoques, ciruelas, dátiles, mandarinas, higos, etc., 4-5 nísperos, 8 fresas medianas o 10-12 cerezas, uvas, moras, grosellas, etc. En un post anterior ya hablamos de la bondad para la salud de consumir fruta "Ecuación saludable: (3+2=5)"

Los consumidores de a pié, diana de reclamos que quieren convencerle de las diferentes formas de "tomar fruta", pueden acabar simplificando el tema al adentrarse en el supermercado. Por que todo es fruta ¿o no? Hoy vamos a comentar esos productos que parecen estar cercanos a las frutas, los zumos, y no siempre lo están.

Todos pensamos cuando hablamos de zumo (jugo) de fruta en una exprimidor capaz de obtener toda la esencia de la fruta sobre la que actuamos. Incluso algunos supermercados te ofrecen la posibilidad de ser tú mismo quien en la tienda pueda producir y envasar el zumo, por ejemplo, de las naranjas. Quizás poco que objetar. Aquí el consumidor tiene pruebas más que fehacientes de que el producto así obtenido es 100% auténtico. 

Pero ahora un par de preguntas ¿es este zumo equivalente a una pieza de fruta? y por tanto ¿puedo tomar todo el que quiera? 

Comencemos por lo más elemental.  Una pieza de fruta es una naranja pero ¿cuantas naranjas son un vaso de zumo de naranja? Tras realizar varias pruebas (y dependiendo del tamaño de las naranjas) os afirmo que entre dos y tres naranjas. Esto significaría que en un zumo tenemos las propiedades nutricionales de la cantidad de fruta que requiramos utilizar para hacerlo. ¿Es esto cierto? 
Un zumo equivale como mínimo a dos frutas incompletas puesto que le falta la pulpa de la misma que es donde se encuentra la mayor cantidad de fibra. Y esto por no hablar de la "contraproducente" costumbre de algunos, bares incluidos, de añadir o facilitar azúcar para su consumo.

Así 100 g naranja (fruta) contienen 8,6 g de azúcar (fructosa), 2 g de fibra y 50 mg de vitamina C, mientras que 100 ml de zumo exprimido en casa contiene 10,2 g de azúcar, 0,1 g de fibra y 40 mg de vitamina C. 

Pero como comemos una naranja o tomamos un zumo los datos hemos de relativizarlos. De una naranja de 150 g obtendríamos 9,5 g de azúcar, 2,2 de fibra y 55 mg de vitamina C en total 66,0 Kcal, y de un vaso (200 ml) de zumo, 20,4 g de azúcar, 0,2 de fibra y 80 mg de vitamina C sumando un total de 82 kcal

Resumiendo: el zumo, como ración de consumo, aporta más energía, vitamina C pero menos fibra. De energía vamos excedidos y de vitamina C tenemos suficiente con la que aporta una naranja pero la ausencia de fibra hace que el azúcar del zumo se absorba demasiado rápidamente (índice glucémico alto). Entonces ¿Para qué quiere nadie añadir más azúcar (sacarosa) a esta bebida?

Aquí tenemos una buena razón que apoya la probable relación de su consumo con la obesidad y que justifica no recomendar el consumo de zumo en sustitución de la fruta.

Y ¿que pasa con los zumos comerciales?

El zumo es un producto susceptible de fermentación, pero no fermentado, obtenido a partir de las partes comestibles de frutas sanas y maduras, frescas o conservadas por refrigeración o congelación, de una o varias especies mezcladas, que posee el color, el aroma y el sabor característicos del zumo de la fruta de la que procede. Puede obtenerse como exprimido o bien a partir de reconstituir un zumo de frutas concentrado mediante la adición de agua. 

Pues como dirían muchos "ya no son lo que eran" pero en este caso vale la pena aclarar que esto es para bien. Hasta octubre del pasado año podíamos ver que algunos lo avisaban: «a partir del 28 de abril de 2015 ningún zumo de frutas contendrá azúcares añadidos» (Real Decreto 781/2013, de 11 de octubre).

Veamos algunos ejemplos:

Etiqueta nutricional de un zumo procedente de  un concentrado: 8,9 g de azúcar y 35 mg de vitamina C por 100 ml. Un vaso de 200 ml sería unas 82 kcal y 17,8 g de azúcar.



Etiqueta nutricional de un zumo de naranja con pulpa, según dice la etiqueta 100 % exprimido y 100% natural: 10,2 g de azúcar y 20 mg de vitamina C por 100 ml. Un vaso de 200 ml sería unas 90 kcal y 20,4 g de azúcar.





Cuando en lugar de zumo de naranja optamos por un néctar. El néctar se obtiene añadiendo agua y azúcares o edulcorantes al zumo (al menos el 50% del producto deber ser zumo natural). Este SÍ que puede contener azúcar.



La siguiente etiqueta pertenece a un néctar procedente de concentrado y contiene los siguientes ingredientes: zumo de naranja a base de concentrado (55%), agua, azúcar, pulpa de naranja (5%) y vitamina C. En resumen: 10,2 g de azúcar, menos de 1g de fibra y 30 mg de vitamina C por 100 ml. Un vaso de 200 ml sería unas 90 kcal y 20,4 g de azúcar.




Y aunque por supuesto no son zumos, también nos intentan convencer sobre que los refrescos contienen fruta (¡!), podemos ver una etiqueta de un refresco de naranja, 8,5 g de azúcares y ya está todo. 


La primera consideración es que como refresco en lata se toma como "ración" (30 ml) y esto implica multiplicar por 3,3 sus valores. ATENCIÓN: 25,5 g de azúcar o dicho de otra forma la mitad del azúcar que OMS dice que es el valor límite superior para tomar en un día: 50 g)

En conclusión:
  1. debemos incluir las frutas en su formato "fruta" como alimento importante en nuestra alimentación
  2. ocasionalmente podemos tomar un zumo exprimido casero en sustitución de una fruta, pero esto no debe ser una práctica reiterativa en el mismo día 
  3. los zumos comerciales presentan diferencias nutricionales con respecto a los zumos caseros
  4. un néctar de fruta puede contener azúcares añadidos
  5. los refrescos son bebidas carbonatadas sin parecido nutricional a zumos ni frutas


jueves, 24 de noviembre de 2016

Pongamos tasas a las bebidas azucaradas para no amargarnos la salud



Con la disponibilidad de alimentos que tenemos a nuestro alcance es muy fácil consumir demasiado azúcar, sea de forma consciente o no. Porque cuando hablamos de azúcares simples no debemos ceñirnos sólo al azúcar de mesa, los dulces o los pasteles sino que también debemos tener presente el que existe oculto en otros alimentos como salsas de tomate, kétchup, galletas, helados, cereales de desayuno, bollería industrial, chocolates, cacao en polvo, conservas, aperitivos, embutidos, yogur y lácteos. Para más información consultad en otra entrada de este blog, Ah! pero si tuviéramos que señalar algún alimento como fuente de azúcar señalaría sin dudar a las bebidas azucaradas (isotónicas, zumos y refrescos azucarados) cuyo consumo va en aumento de forma especialmente preocupante entre los niños y adolescentes.


Desde un punto de vista nutricional no es imprescindible el azúcar sencillo de la dieta. En las nuevas directrices sobre la ingesta de azúcares de la Organización Mundial de la Salud se recomienda reducir el consumo de azúcares libres, tanto en adultos como en niños, a menos del 10% de la ingesta calórica total (recomendación firme). Pero además añaden una recomendación condicional que es bajar del 5% de la ingesta energética total si se pretenden conseguir beneficios adicionales para la salud.

Para una dieta tipo de 2000 kcal esto significaría menos de 50 g en el primer supuesto (10%) y  menos de 25 g de azúcar (5%) simple para conseguir un bonus extra de salud.

Por ello, reducir el consumo excesivo de azúcares puede suponer un fuerte impulso parar la epidemia de la obesidad y la diabetes, aunque no sólo requiere de la voluntad individual sino que por parte de los países se establezcan planes de acción globales que comprendan la instauración de impuestos sobre las bebidas azucaradas, la restricción de la comercialización de los productos azucarados a los niños y la educación de los mismos en este sentido.
Acceder al informe resumen

Según recoge el informe: Fiscal policies for diet and prevention of noncommunicable diseases: technical meeting report, de OMS (2016), una tasa del 20% sobre las bebidas azucaradas puede conducir la reducción de su consumo de un 20% aproximadamente, además de prevenir la obesidad y la diabetes. Y si además se acompañara de un subsidio para que las frutas y hortalizas frescas redujeran sus precios en un 10-30%, se potenciaría el consumo de las mismas sin lugar a dudas. 

Varios países han adoptado medidas fiscales para proteger a las personas de los productos que perjudican la salud. Por ejemplo, México introdujo en 2014 un impuesto especial sobre las bebidas no alcohólicas con azúcares añadidos de un peso por litro de refresco, lo que significó un aumento del 10% en el precio de venta al público. Un reciente artículo en el BMJ, estimó que tras la tasa, la compra de estas bebidas disminuyó un 6% aproximadamente, llegando al 12% en el último mes medido (diciembre de 2014). También Hungría, desde 2012, grava los productos envasados con alto contenido en azúcares, sal o cafeína. Cómo podéis ver medidas de lo más interesante.

Estas medida favorecerían con mayor intensidad a las poblaciones vulnerables, como los consumidores de bajos ingresos, ya que son más sensibles a los precios. En el estudio mexicano aludido el promedio de disminución de compras en los hogares de nivel socioeconómico bajo el promedio de disminución fue del 9% llegando al 17% en diciembre de 2014. Esto se puede interpretar como que en términos de salud obtendrían un mayor provecho de los cambios en los precios relativos de los alimentos y bebidas. Basta recordar que la obesidad tiene una mayor prevalencia en estos estratos socioeconómicos.

Sin embargo, se debe trabajar desde el ámbito educativo la rehabilitación del agua (nada tan simple como saludable) como la bebida por excelencia. Paradójicamente, el agua ha perdido su lugar de primaria y cualquier campaña para conseguir que la busquemos como primera fuente de hidratación será muy bienvenida. Las escuelas son un entorno clave para enseñar a los niños una hidratación saludable y formar comportamientos positivos a largo plazo para el consumo de bebidas. 

Acceder a la revisión.

Las intervenciones basadas en la escuela pueden llegar a grandes grupos de niños de todas las clases sociales, y los mensajes aprendidos pueden llevarse a casa a las conductas de impacto en la familia y en otros lugares. Como los niños a menudo consumen al menos una comida o refrigerio durante el día escolar, la promoción de opciones saludables de bebidas en estas comidas puede reforzar su conocimiento y comportamiento nutricional saludable. En este sentido, tener una política de nutrición escolar saludable parece ayudar a reducir el consumo de bebidas refrescantes con azúcar. Una revisión de estrategias en el ámbito escolar revisa los tipos de acciones, el número y los componentes que pueden hacer más exitosas las actividades para estimular el consumo de agua como bebida principal. En el texto han categorizado los componentes clave para la acción según sean educacionales, del entorno o parentelas, o bien modelos mixtos o multi-componente evaluando el rango de intervenciones  diversas a realizar. Desde aquí podéis acceder a ella.






miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Pueden las máquinas de vending ofrecer alimentos y bebidas saludables?


Mucho se habla de los ambientes favorecedores de la salud pero aún estamos lejos de que sean la realidad cotidiana. Hasta la persona más motivada por conseguir una dieta adecuada puede encontrar importantes barreras para conseguirlo. Para llevar una alimentación saludable la decisión personal es importante pero no suficiente. 

Hoy quiero poner el ejemplo de las máquinas expendedoras de alimentos y bebidas que podemos encontrar en cualquier lugar. Si, si en cualquier sitio concurrido: una calle, un cine, un centro educativo(?), el gimnasio, el trabajo o en ¡un centro sanitario! Estos vendedores automáticos están omnipresentes en nuestra sociedad.

Y es que su aceptación parece ser grande, un 49 % de la población se declara consumidora de estas máquinas, como se desprende de un estudio de mercado que ANEDA (Asociación Nacional Española de Distribuidores Automáticos) realizó a finales de 2013 para analizar las características del consumidor. Según se desprende del mismo, el perfil de sus consumidores es ser hombre (3:1), tener 20 y 49 años (90%) y estudios superiores (43%) y trabajar por cuenta ajena (34%) o bien ser estudiante (24%).

Así puestas las cosas y a pesar que los empresarios del sector saben que apostar por el cuidado de la salud es una oportunidad de negocio, no se hace aún muy frecuente encontrar ofertas alimentarias saludables de forma predominante en estas máquinas. Los alimentos habituales que contienen suelen contravenir todas las recomendaciones que solemos hacer en temas alimentarios conteniendo, por lo general, alimentos procesados, muy energéticos, ricos en sal, ricos en azúcares y ricos en grasas. 

Tomada en el hall del  Hospital Universitari i Politècnic La Fe de València
Deberíamos cuidar que los recintos relacionados con la atención de la salud de la población fueran ejemplos prácticos de ofertas alimentarias sensatas y congruentes con las propuestas que los organismos preocupados por la salud hacen respecto a la alimentación. Una mirada en cualquier centro sanitario nos deja macro máquinas como la de la imagen. Aunque en su cornisa superior los profesionales inviten a brindar o comer con ellos su contenido es todo un compendio de aperitivos, sándwiches, dulces y bebidas... pero ni una sola fruta. 

Tomada en un Hospital NISA en Valencia
Para conseguir que la opción saludable pueda competir al menos en iguales condiciones con la no saludable debería repartirse su contenido en un 50/50%, pero ¿que podríamos considerar productos (alimentos/bebidas) congruentes con las recomendaciones? El Documento de consenso sobre la alimentación en los centros educativos de 2010, nos ofrece una base interesante:
  • Un valor energético máximo de 200 kilocalorías 
  • El 35%, como máximo, de las kilocalorías procederán de la grasa (equivale a un contenido máximo de 7,8 gramos de grasas para una porción con menos de 200 Kcal.)*
  • El 10%, como máximo, de las kilocalorías procederán de las grasas saturadas (equivale a un contenido máximo de 2,2 gramos de grasas saturadas para una porción de 200 Kcal.)*
  • Ausencia de ácidos grasos trans, excepto los presentes de forma natural en productos lácteos y cárnicos
  • El 30%, como máximo, de las kilocalorías procederán de los azúcares totales (equivale a un contenido máximo de 15 gramos de azucares para una porción de 200 Kcal.)**
  • Un máximo de 0,5 g de sal (0,2 g de sodio)

*Este límite no se aplicará a la leche entera y yogures ni a los frutos secos sin grasas añadidas ya que se trata de grasa naturalmente presente en ellos. En el caso de los frutos secos, esta excepción no les excluye de cumplir los criterios correspondientes al valor energético máximo (condicionado por el tamaño de la ración) y al contenido en sal y azúcares.

**Este límite no se aplicará a las frutas y hortalizas, enteras o mínimamente procesadas, los zumos de frutas y zumos de frutas a base de concentrados que no contengan azúcares añadidos, ya que se trata de azúcares naturalmente presentes en los alimentos. En la leche y productos lácteos no se contabilizará, a la hora de aplicar este límite, el azúcar naturalmente presente en la leche (lactosa) que aproximadamente corresponde a 4,8 g/100ml.

Entonces ¿Qué  alimentos y bebidas podrían ser consideradas como adecuadas en esa oferta "mas saludable"de acuerdo a los criterios nutricionales mencionados?
  • Aguas envasadas reconocidas por la legislación sin agentes aromáticos ni edulcorantes ni incluidas en la categoría de bebidas refrescantes.
  • Leche en cualquiera de sus presentaciones (entera, desnatada y semidesnatada) y formas de conservación.
  • Productos lácteos (leches fermentadas, yogures, batidos de leche, etc.) elaborados a partir de leche entera, semi-desnatada o desnatada, que no contengan más de 12,3 g de azúcar/100 ml (4,8 g lactosa + 7,5 g de azúcares añadidos) o 24,6 g de azúcar por envase de 200 ml (9,6 g de lactosa + 15 g de azúcares añadidos).
  • Quesos con poco contenido en grasa y que no superen el límite establecido para la sal.
  • Helados, preferentemente elaborados con leche, siempre que cumplan los criterios establecidos para grasas y azúcares.
  • Frutas frescas, enteras o mínimamente procesadas que no contengan azúcares añadidos.
  • Zumos de fruta (incluidos los reconstituidos a base de concentrado que no contengan azúcares añadidos). No se incluyen aquí los néctares de frutas ni las bebidas mixtas de frutas y leche con incorporación de azúcares añadidos o edulcorantes artificiales en estos productos.
  • Bebidas a base de hortalizas (gazpachos y otros) que contengan, al menos, un 50% de hortalizas, sin azúcares añadidos o edulcorantes artificiales.
  • Cereales de desayuno y barritas de cereales siempre que cumplan los criterios establecidos para grasas, azúcares y sal.
  • Galletas y bollería, cuando cumplan los criterios establecidos para el contenido en grasas, especialmente saturadas, y azúcares.
  • Frutos secos  (no fritos) que no contengan azúcares ni grasas añadidas (tostados con aceite) y cuyo contenido en sal no supere el límite establecido. Deberán presentarse en un tamaño de envase adecuado para no exceder el valor energético máximo.
  • Sándwiches, siempre que cumplan los criterios establecidos para grasas, sal y azúcares.
  • Bocadillos, preferiblemente elaborados con pan integral.
  • Productos de panadería (colines, tostadas, etc.) siempre que cumplan los criterios establecidos para grasas, azúcares y sal.



Una observación: Teniendo en consideración las recomendaciones de la OMS respecto al consumo de azúcar  no deberíamos sobrepasar los 50 g diarios para una dieta de 2000 Kcal y en la edad infantil el consejo sería no sobrepasar los 37 gramos (para una dieta de 1.750 calorías). Sin embargo, la media de su consumo en Europa occidental ronda casi los 100 gramos de azúcares al día.
     

Según la misma fuente  para “proporcionar beneficios adicionales para la salud”, la cantidad debería quedar por debajo del 5% del aporte energético (lo que supondría como mucho seis cucharadas de azúcares o 25 gramos). Por lo que se podría ser incluso  más restrictivos en el ámbito de los azúcares. 



La colocación de advertencias sanitarias en los propios refrescos ("Tomar bebidas azucaradas contribuye a la obesidad, a la diabetes y a la caries dental”) podría disminuir su elección como lo evidencian en el estudio publicado en la revista Pediatrics al menos en relación a los niños bajo control paterno. Además se han mostrado útiles las experiencias de señalización utilizando el modelo de semáforo junto a las máquinas como se refleja en el estudio Boston.

Prev Chronic Dis 2015;12:140549









Lo dicho queda mucho camino por andar pero pequeñas acciones desde la cercanía pueden conducir a hacer más saludables nuestros entornos y por supuesto a aumentar la oferta de alimentos saludables. Es preciso un activismo sensato que conduzca:

  1. A los usuarios a exigir su "cuota de salud" en las máquinas, 
  2. A los contratadores a considerar esta oportunidad de modificar los productos contenidos en estos artilugios y 
  3. A los distribuidores a ofrecer alternativas confluentes con estas demandas. 
¡Toda una experiencia para aunar actores y escenario en busca de mayor salud!